Bancos, ¿Héroes o villanos? La agenda pendiente más allá del COVID-19

El rol de los bancos está siendo puesto en tela de juicio nuevamente, esta vez en plena crisis del COVID-19. No son ni buenos ni malos. Son negocios. Con una estricta regulación y un uso responsable se convierten en pieza clave para el progreso de todos (diversos estudios lo han demostrado); con una mala regulación y un uso político o ruin pueden ser perniciosos para naciones enteras.

En el actual contexto, los bancos peruanos están cumpliendo su papel: Mantienen la continuidad de los servicios, canalizan recursos con garantías estatales por hasta 30 mil millones de soles y refinancian deudas. ¿Pueden dar un poco más a favor del país? SÍ y NO. SÍ, si por ejemplo realizan algún aporte económico con cargo a utilidades como los 100 millones del BCP; y NO si es que hacerlo pone en riesgo el dinero de los ahorristas.

Nos gustaría que, en plena crisis, los bancos no cobren intereses por reprogramar deudas o intermediar dinero, pero es precisamente el cobro de intereses lo que genera el flujo que permite a las entidades pagar a los ahorristas, cubrir costos operativos y tener capital para seguir dando más créditos. Si se afecta ese flujo, se pone en riesgo los ahorros de la gente y se reduce la oferta de dinero que necesitan las personas y empresas para seguir adelante, especialmente en estas circunstancias.

Pedirle a los bancos que intermedien dinero gratis sería como que el Gobierno exija a las bodegas canalizar gratuitamente los alimentos de sus programas sociales. Hay un costo que cubrir y la fórmula de pago –en la crisis COVID-19– deben darla las autoridades. La ministra Alva –hay que decirlo claramente– no cuenta con el staff técnico necesario como para plantear a los bancos propuestas creativas y milimétricas. Esperamos lleguen refuerzos.

Más allá de las críticas, en los últimos 30 años la adecuada supervisión y el buen uso de la banca han permitido que el ahorro y el crédito beneficien a millones de peruanos haciendo realidad sus proyectos (adquirir viviendas, impulsar negocios, comprar bienes, realizar estudios, viajar, etc.).

Pese a la importancia del sistema bancario –bien regulado y bien usado, insisto– en la economía y el progreso de las personas, la percepción que hay sobre el mismo nunca es la mejor. En el último Ránking de Marcas más Influyentes 2019, elaborado por Ipsos, ningún banco figura en los diez primeros lugares. Seguramente después de la crisis del COVID-19 seguirán sin figurar.

Si en 30 años los bancos han contribuido con tantas personas y empresas a realizar sus proyectos, y han aportado de manera significativa al crecimiento económico, ¿por qué son tan impopulares? ¿Qué está fallando? La respuesta, es compleja, pero hay dos elementos que debe mirarse con mucha atención por su implicancia directa en tamaña impopularidad: Comunicación e información.

Los bancos han mejorado su comunicación exponencialmente en los últimos diez años, y han realizado importantes inversiones para lograrlo, sobre todo en transformación digital, pero gran parte del público no está entendiendo que se trata de un negocio, cómo funciona y cuál es su aporte a las personas, a las empresas y a la economía.

Existe un gap bastante grande entre el nivel de desinformación en la población y la comunicación de los bancos. No se trata de que los bancos convenzan a la gente que son lo mejor del mundo. Se trata de que los bancos logren que la gente entienda cómo funciona su negocio, cómo el uso responsable de sus servicios es tremendamente beneficioso, y cómo contribuyen al crecimiento del país. Educación financiera.

Hacerlo será clave para los bancos si buscan incrementar el nivel de usuarios / clientes (actualmente solo la mitad de la población entre 18 y 70 años del Perú urbano –47% u  8 millones– mantiene relación con un banco (IPSOS 2019)), reducir el número de reclamos — 1.8 millones en 2019—, y ser vistos ya no como los malos de la película, sino como negocio cuyos servicios, usados con responsabilidad, permiten a personas y empresas realizar sus proyectos.

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