Digitalización de los conflictos sociales: El gran desafío que enfrenta la minería peruana

Por Manuel Ayllón - CEO Orange 360

Uno de los desafíos permanentes que enfrenta la minería formal en el Perú, es mejorar la relación con los habitantes de las zonas de influencia en donde se desarrollan los proyectos mineros. Esta mejoría se debe realizar a través de una comunicación estratégica que transmita correctamente al ciudadano, los beneficios de la actividad, además de despejar dudas sobre temas ambientales, derechos humanos y crecimiento económico sostenible.

La minería es uno de los grandes pilares que sostiene a la economía peruana que, sin duda alguna, está evitando que el país termine de descalabrarse por la crisis sanitaria y económica. En números gruesos, la minería aporta el 10% del PBI, representa el 60% de las exportaciones, el 16% de la inversión privada y el 19% de los tributos pagados por empresas.

Pese a su importantísima contribución, los conflictos socioambientales suelen poner recurrentes zancadillas al desarrollo de los proyectos o a la continuidad de los mismos. De acuerdo al observatorio de conflictos sociales de la Defensoría del Pueblo, de los 128 conflictos socioambientales activos y latentes en nuestro país a enero de 2021, el 64.8% (83 casos) corresponde a conflictos relacionados a la actividad minera.

Si bien este contexto ya representa un dolor de cabeza para la industria minera, se convertirá en una insoportable migraña si es que las empresas no toman decisiones ágiles frente al acelerado proceso de digitalización de las comunidades en las zonas de influencia. Zonas en donde las generaciones de veteranos líderes, tradicionalmente renuentes al uso de la tecnología, están dejando la posta a sucesores jóvenes altamente familiarizados con la cultura digital y quienes mantienen contacto en tiempo real con ONGs, gremios, sindicatos, políticos o lobistas, desde cualquier parte del mundo. Enfrentar un clima social convulso en 2022 será muchísimo más complejo que ahora.

Solo como ejemplo, en la zona de Espinar, donde la suiza Glencore ejecuta el proyecto Antapaccay, las huestes opositoras a la mina ya se organizan y coordinan a diario con bases en Lima y en otros países mediante Meet o Zoom, se adiestran y capacitan desde sus smartphones y tablets, y usan cada vez más recursos digitales como redes sociales o aplicativos. Todo esto, en muchos casos, impregnado con una fuerte dosis de fake news, que suelen tener mayor impacto precisamente en la etapa de aprendizaje digital. ¿Se imaginan esta dinámica, pero a escala nacional?

Si bien las mineras tienen ante sus ojos un panorama muy desafiante, debo destacar que cuentan aún con tres puntos a favor para enfrentarlo exitosamente: Altos estándares de producción con mitigación ambiental nunca antes vista; robustos programas sociales, varios de ellos muy bien anclados; y, lo principal, recursos económicos para acompañar el desarrollo de los proyectos con nuevos y creativos planes de comunicación.

Un buen video en LinkedIn sobre una campaña social para mostrar el compromiso ambiental de alguna empresa es importante, qué duda cabe, pero hoy las mineras necesitan mucho más. La comunicación de la industria requiere de un overhaul urgente para enfrentar exitosamente escenarios muy complejos por todo lo que implica la penetración digital y su capitalización por parte de los opositores.

Cuando la minería formal y responsable se detiene, perdemos todos, sobre todo los más pobres. Por eso, hoy más que nunca, en un contexto de crisis económica y sanitaria donde requerimos recursos para enfrentar tan complicado contexto, no podemos permitirnos ese lujo. Manos a la obra.

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